
A veces es mejor parar. A veces, solo a veces, ya no importa cuanto empujes, cuantas ganas tengas, la energía que pongas, la fuerza que deposites. Aceptar que no lo puedes todo, que las días tienen horas, que también te cansas, que no eres perfecto y más aún que los otros tampoco lo son.
A veces, muchas veces, ya no depende de ti. Hay otras personas, otras fuerzas, otros planes. Dios puede tener otros planes para ti y para aquello de lo que te estás preocupando.
En esos momentos hay que soltar, y dejar que las cosas sigan su rumbo.
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